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El sonido y la furia: Dentro del misterio de la embajada de La Habana

Era una noche fresca para La Habana, con la temperatura cayendo cerca de los 20 grados, y el diplom√°tico y su familia se estaban sintiendo muy bien con su misi√≥n en Cuba. Estaban todav√≠a asent√°ndose en su nuevo hogar, una casa c√≥moda de estilo espa√Īol en el recinto frondoso que se hab√≠a llamado el Country Club antes de que las familias adineradas lo abandonaran en los primeros a√Īos de la Revoluci√≥n. ‚ÄúEst√°bamos verdaderamente encantados de estar all√≠‚ÄĚ, record√≥ el diplom√°tico. ‚ÄúLa m√ļsica, el ron, los puros, la gente ‚ÄĒ y un momento muy importante para la diplomacia‚ÄĚ.

Ocho meses antes, en marzo de 2016, Presidente Obama hab√≠a aterrizado a lo grande en la ciudad para conmemorar el acercamiento hist√≥rico de los dos pa√≠ses, prometiendo que iba a enterrar ‚Äúel √ļltimo vestigio de la Guerra Fr√≠a en las Am√©ricas‚ÄĚ. Ahora, semanas despu√©s de la elecci√≥n de Donald Trump, ese acuerdo estaba repentinamente en duda. Fidel Castro acababa de morir, abriendo un nuevo cap√≠tulo en la saga cubana. El diplom√°tico no pod√≠a haber imaginado un momento m√°s fascinante para llegar.

Mientras el sol se deslizaba sobre el estrecho de la Florida aquella tarde de finales de noviembre, el diplom√°tico abri√≥ las puertas del sal√≥n que daba al nuevo jard√≠n tropical de la familia. El aire c√°lido de la noche invadi√≥ el sal√≥n, acompa√Īado por un estruendo casi abrumador. ‚ÄúEra molesto hasta el punto que ten√≠as que entrar en la casa y cerrar todas las puertas y ventanas y encender la tele‚ÄĚ, record√≥ el diplom√°tico. ‚ÄúPero no me preocup√© mucho del asunto. Pens√©, ‚ÄúEstoy en un pa√≠s extra√Īo, y los insectos aqu√≠ hacen ruidos fuertes‚ÄĚ.

Unas noches más tarde, el diplomático y su esposa invitaron a la familia de otro funcionario de la embajada americana que vivía al lado. Al atardecer, mientras charlaban en el patio, el mismo ruido ensordecedor se levantó otra vez en el jardín.

‚ÄúEstoy bastante seguro que son cigarras‚ÄĚ, dijo el primer diplom√°tico.

‚ÄúEsas no son cigarras‚ÄĚ, insisti√≥ su vecino. ‚ÄúLas cigarras no suenan as√≠. Es un sonido demasiado mec√°nico‚ÄĚ.

Uno de los diplomáticos americanos afectados por los incidentes de salud supuestamente vivió en esta casa en La Habana.
(Por cortesía de NBC News)

El colega hab√≠a estado escuchando los mismos ruidos en su casa, a veces durante un periodo de una hora o m√°s. Despu√©s de que se quej√≥ en la oficina de vivienda de la embajada, dos trabajadores de mantenimiento cubanos fueron enviados a dar una ojeada. Buscaron si hab√≠a alg√ļn tipo de desperfecto el√©ctrico e inspeccionaron el jard√≠n para ver si hab√≠a insectos raros, pero se fueron sin encontrar nada fuera de lugar. En febrero, el estruendo nocturno empez√≥ a disminuir. Despu√©s se fue del todo.

No fue hasta un viernes a finales de marzo cuando el diplom√°tico se dio cuenta de que podr√≠a estar enfrent√°ndose a algo m√°s peligroso que unos insectos. En el trabajo aquel d√≠a, un compa√Īero de la embajada con quien ten√≠a amistad le llev√≥ a un lado y le dijo que se iba de Cuba enseguida. Un hombre de aspecto atl√©tico en la treintena, el compa√Īero dijo que acababa de estar en Miami, donde especialistas m√©dicos hab√≠an diagnosticado que estaba teniendo una serie de problemas incluyendo una severa p√©rdida de audici√≥n. A finales de diciembre, dijo, hab√≠a sido golpeado por un fen√≥meno extra√Īo e inquietante ‚ÄĒ un rayo poderoso de sonido agudo que parec√≠a estar apuntado directamente hacia √©l. El lunes siguiente, este amigo del diplom√°tico le hizo escuchar una grabaci√≥n del ruido: sonaba muy parecido a lo que el diplom√°tico hab√≠a escuchado en su jard√≠n.

El diplom√°tico, quien habl√≥ de su experiencia bajo el acuerdo de que no se revelara su nombre, dijo que √©l y su mujer no hab√≠an sentido ning√ļn indicio de enfermedad o lesi√≥n. Pero en pocos d√≠as, ellos, tambi√©n, estar√≠an de camino a Miami para ser examinados por especialistas m√©dicos. Con otros 22 americanos y ocho canadienses, ser√≠an diagnosticados con una amplia gama de s√≠ntomas parecidos a los de una conmoci√≥n cerebral, desde dolores de cabeza y nausea a p√©rdida de audici√≥n. Se encontrar√≠an arrastrados tambi√©n por una disputa internacional extraordinaria, una que la Administraci√≥n Trump usar√≠a para bruscamente revertir el curso de las relaciones de Estados Unidos con Cuba.

Incluso en un mundo donde abundan los secretos, los incidentes de La Habana son un misterio singular. Despu√©s de casi un a√Īo de una investigaci√≥n que se ha apoyado en las capacidades de inteligencia, defensa y tecnolog√≠a de m√ļltiples agencias del gobierno estadounidense, el FBI no ha podido determinar qui√©n podr√≠a haber atacado a los diplom√°ticos ni c√≥mo. La agencia tampoco ha excluido la posibilidad de que al menos algunos de los americanos no fueron atacados en absoluto. Oficiales que han recibido informes sobre la investigaci√≥n dicen que se ha hecho llamativamente poco progreso en contestar las preguntas b√°sicas del caso, con agentes frustrados del FBI advirtiendo que se les acaban las piedras debajo de las que mirar.

Esas frustraciones han enturbiado la comunidad de seguridad nacional de Estados Unidos, fomentado divisiones crecientes entre el FBI y la CIA. A principios de enero, despu√©s de m√°s de ocho meses de an√°lisis, el servicio de investigaci√≥n descart√≥ su hip√≥tesis inicial de que los americanos fueron el blanco de alg√ļn tipo de aparato s√≥nico. Esta conclusi√≥n dej√≥ al FBI sin un arma, un sospecho o un m√≥vil, y luchando a duras penas para detectar otras formas en que los diplom√°ticos pod√≠an haberse enfermado. Oficiales de inteligencia, sin embargo, han seguido subrayando un patr√≥n que ven como cualquier cosa menos coincidencia: los primeros cuatro americanos que dijeron ser golpeados por el fen√≥meno ‚ÄĒ incluido el hombre atl√©tico en sus treinta ‚ÄĒ eran todos oficiales de la CIA trabajando bajo cobertura diplom√°tica. Tambi√©n lo eran dos oficiales que fueron afectados m√°s tarde. La CIA y otras agencias de defensa e inteligencia todav√≠a no se han puesto de acuerdo con la conclusi√≥n del FBI sobre la tecnolog√≠a s√≥nica.

M√°s ampliamente, el problema cubano tambi√©n ha ocasionado preguntas dentro del aparato de seguridad nacional sobre la manera en que la administraci√≥n Trump est√° usando informaci√≥n de inteligencia para guiar su pol√≠tica internacional. En una √©poca en que la Casa Blanca ha prometido actuar de forma m√°s contundente contra el programa nuclear de Corea del Norte, Ir√°n y otras amenazas, algunos oficiales ven el problema cubano como otra lecci√≥n m√°s sobre los peligros de usar los datos de inteligencia selectivamente para avanzar fines pol√≠ticos. ‚ÄúTrump lleg√≥ al cargo oponi√©ndose a mejores relaciones con Cuba‚ÄĚ, dijo un oficial de seguridad nacional que, como otros, solo habl√≥ del caso bajo la condici√≥n de que su nombre no fuera revelado. ‚ÄúLa administraci√≥n se adelant√≥ a las evidencias y a los datos de inteligencia‚ÄĚ.

Una investigaci√≥n realizada por ProPublica del caso, basada en entrevistas con m√°s de tres docenas de funcionarios estadounidenses y extranjeros y una revisi√≥n de documentos gubernamentales confidenciales, representa la primera cr√≥nica detallada y p√ļblica de c√≥mo se desarrollaron los incidentes en Cuba. Aunque el Departamento de Estado generalmente ha enfatizado en las similitudes entre los expedientes m√©dicos de los 24 americanos afectados, los oficiales y documentos consultados para este reportaje indican que la seriedad de los s√≠ntomas de los pacientes variaba mucho. Las experiencias que precipitaron sus enfermedades tambi√©n fueron bastante diferentes, seg√ļn los oficiales, y las experiencias y los s√≠ntomas de los ocho canadienses fueron notablemente diferentes de las de los estadounidenses.

Muchos oficiales de Estados Unidos que han tratado el problema de cerca ‚ÄĒ incluidos algunos quienes aseveraron que ha sido distorsionado con fines pol√≠ticos ‚ÄĒ dicen que siguen convencidos de que al menos algunos de los americanos fueron deliberadamente elegidos como blancos por un enemigo sofisticado. Especialistas m√©dicos que revisaron los expedientes de los 24 pacientes americanos el verano pasado concluyeron que, aunque sus s√≠ntomas pod√≠an tener muchas causas, estaban ‚Äúm√°s probablemente relacionados al trauma de una fuente no-natural‚ÄĚ, dijo el director m√©dico del Departamento de Estado, Dr. Charles Rosenfarb. ‚ÄúNinguna causa ha sido excluida‚ÄĚ, a√Īadi√≥. ‚ÄúPero los hallazgos sugieren que esto no fue un episodio de histeria colectiva‚ÄĚ.

Sin embargo, parece que el secretismo, la psicología y la política pueden haber jugado una parte en la forma en que el fenómeno se expandió entre el personal de las dos embajadas en La Habana. Funcionarios de la administración han sido reacios a hablar de los factores psicológicos en el caso, en parte porque temen ofender o antagonizar a los diplomáticos afectados (muchos de los cuales ya se sienten maltratados por la dirigencia del Departamento de Estado.) Pero mientras se ha profundizado el misterio, los investigadores americanos han empezado a mirar más de cerca al mundo insular y de alta presión de la embajada de La Habana, y han descubierto un cuadro que es mucho más complejo de lo que la retórica y los titulares han sugerido.

A pesar de las muchas preguntas sin respuestas, funcionarios de la administraci√≥n Trump han agresivamente culpado al gobierno de Ra√ļl Castro de no proteger a los diplom√°ticos, si no de haberles directamente atacado. A principios del oto√Īo pasado, el Departamento de Estado retir√≥ m√°s de la mitad del personal diplom√°tico destinado en La Habana, mientras ordenaba a un n√ļmero proporcional de cubanos que se fueran de Washington. El departamento tambi√©n advirti√≥ a los ciudadanos estadounidenses que pod√≠an estar ‚Äúen riesgo‚ÄĚ de un ataque si visitaban la isla. ‚ÄúYo todav√≠a creo que el gobierno cubano, alguien dentro del gobierno cubano, puede poner un fin a esto‚ÄĚ, dijo el Secretario de Estado Rex Tillerson el mes pasado.

Lo que escucharon los diplom√°ticos

Vía la cuenta YouTube de Associated Press

Tales aseveraciones han indignado al liderazgo cubano. Desde los primeros meses del a√Īo pasado, Castro y sus asesores de alto nivel han insistido que no tuvieron nada que ver con los incidentes y que ayudar√≠an de cualquier formar posible a investigarlos y frenarlos. El equipo del FBI no ha encontrado pruebas concretas de complicidad cubana en los incidentes, y ha enfatizado en privado la cooperaci√≥n del gobierno con los investigadores americanos, dijeron oficiales. A pesar de las declaraciones de Tillerson, algunos funcionarios del Departamento de Estado tambi√©n han dicho privadamente a miembros del Congreso que los desmentidos de los cubanos han sido evaluados como cre√≠bles, seg√ļn oficiales. ‚ÄúEllos creen que el gobierno cubano quiere mejores relaciones con los Estados Unidos‚ÄĚ, dijo un asesor del Senado.

El otro sospechoso obvio ha sido Rusia, que los analistas de inteligencia han considerado que pod√≠a tener tanto un posible m√≥vil como los medios posibles para llevar a cabo ataques de este tipo. El gobierno de Putin ha hostigado rutinariamente a diplom√°ticos estadounidenses en Mosc√ļ y a veces en el extranjero; durante la Administraci√≥n Obama, parec√≠a decidido a socavar la pol√≠tica extranjera americana alrededor del mundo. Rusia tambi√©n tiene la capacidad para desarrollar armas nuevas y sofisticadas y una alianza de seguridad de larga data con Cuba. Pero los investigadores no han encontrado ni siquiera evidencias circunstanciales de una mano rusa en los incidentes, dijeron los oficiales, y algunos analistas dudan que Rusia quisiera poner en peligro su relaci√≥n con Cuba socavando tan descaradamente un objetivo clave de la pol√≠tica extranjera cubana.

Mientras persiste el misterio, la pol√≠tica estadounidense hacia Cuba cuelga de un hilo. Con la salida de Castro de la presidencia agendada para abril, solo un equipo m√≠nimo de personal representa a Washington en La Habana en un momento potencialmente cr√≠tico de transici√≥n. Los viajes y los negocios de americanos en la isla han ca√≠do bruscamente en meses recientes, y el proceso de tramitaci√≥n de visados para cubanos que quieren emigrar a Estados Unidos ha ca√≠do en picado, provocando preguntas sobre el destino de un acuerdo de migraci√≥n de larga data entre los dos pa√≠ses. La administraci√≥n Trump puede haber tambi√©n limitado sus opciones: el 4 de marzo, el Departamento de Estado se enfrentar√° a una fecha l√≠mite en la cual tiene que mandar a sus diplom√°ticos de vuelta a La Habana o posiblemente hacer reducciones permanentes del personal. Pero el Secretario de Estado, quien seg√ļn se informa hizo la decisi√≥n de retirar a los diplom√°ticos, no ha mostrado ninguna se√Īal de reconsiderar su postura.

‚Äú¬ŅNo sabemos c√≥mo proteger la gente contra esto, as√≠ que porqu√© har√≠a semejante cosa?‚ÄĚ dijo Tillerson a Associated Press cuando fue preguntado acerca de mandar diplom√°ticos de vuelta a Cuba. ‚ÄúVoy a resistir a cualquiera que quiera forzarme a hacer esto hasta que est√© convencido que no estoy poniendo a la gente en peligro‚ÄĚ.

El Presidente cubano Ra√ļl Castro habla con el Vicepresidente Miguel Diaz-Canel durante la sesi√≥n parlamentaria al final del a√Īo en La Habana el 21 de diciembre, 2017.
(Jaime Blez/AFP/Getty Images)

En el fuego cruzado de acusaciones, se podr√≠a perdonar a los cubanos de la calle por preguntarse si han sido transportados hacia atr√°s en el tiempo. Mientras el pa√≠s se prepara para ser liderado por primera vez en casi 60 a√Īos por alguien que no se apellida Castro, un cambio tect√≥nico que podr√≠a afectar profundamente la forma en que es gobernado, la ret√≥rica de guerra fr√≠a ha vuelto a llenar el aire. El l√≠der comunista de pr√≥xima generaci√≥n que se cree que suceder√° a Ra√ļl Castro, el Vice Presidente Miguel D√≠az-Canel, 56, est√° entre los que advierten de otro complot imperialista m√°s contra La Habana. Son ‚Äúcuentos de hadas incre√≠bles sin prueba alguna‚ÄĚ, dijo de las afirmaciones de la administraci√≥n Trump, ‚Äúcon la intenci√≥n perversa de desacreditar la conducta impecable de Cuba‚ÄĚ.


Lugares claves en los incidentes de La Habana

Los primeros tres diplom√°ticos que reportaron haber sufrido lo que pensaban que eran ‚Äúataques s√≥nicos‚ÄĚ en noviembre y diciembre de 2016 viv√≠an en los barrios de lujo de las afueras occidentales de La Habana. Dos incidentes sucedieron el siguiente abril en el Hotel Capri, cerca del centro de la ciudad.

Hannah Birch/ProPublica

Los dos primeros incidentes ocurrieron alrededor del fin de semana de Acci√≥n de Gracias de 2016, fecha que coincidi√≥ con la muerte de Fidel Castro el 25 de noviembre. Durante los nueve d√≠as de luto nacional que siguieron, ninguno de los dos oficiales estadounidenses inform√≥ a los mandos de la embajada lo que hab√≠an experimentado. Pero los dos hombres, oficiales de inteligencia con cobertura diplom√°tica, dir√≠an m√°s tarde que escucharon ruidos agudos y desorientadores en sus casas durante la noche. Al menos uno de ellos dir√≠a despu√©s a los investigadores que el ruido hab√≠a parecido extra√Īamente enfocado, seg√ļn oficiales. Si uno se mov√≠a a un lado o a otra habitaci√≥n, parec√≠a casi desaparecer.

Si las historias parec√≠an de ciencia ficci√≥n, la estaci√≥n de la CIA en La Habana y altos funcionarios de la embajada sospecharon r√°pidamente que se trataba de algo m√°s mundano. Desde que Estados Unidos y Cuba reestablecieron relaciones diplom√°ticas limitadas en 1977, reabriendo sus embajadas como ‚Äúsecciones de inter√©s‚ÄĚ en sendas capitales, los cubanos manten√≠an una vigilancia constante, muchas veces agresiva, de los diplom√°ticos americanos en La Habana. Los diplom√°ticos pod√≠an volver a casa y encontrar una ventana abierta, o un televisor encendido (muchas veces en los programas de noticias gubernamentales), o sus pertenencias sutilmente pero de una forma obvia reorganizadas. Alguna parte del juego ‚ÄĒ incluidas acciones m√°s provocadoras como embadurnar las manijas de las puertas de los autos de los diplom√°ticos con heces de perro ‚ÄĒ era considerada casi rutinaria. Tambi√©n hubo reciprocidad por los agentes estadounidenses que hac√≠an seguimientos a diplom√°ticos cubanos en Washington.

Durante periodos de especial tensi√≥n con Washington, los cubanos a veces iban m√°s lejos. Sobre el principio y la mitad de la d√©cada de los noventa, los diplom√°ticos americanos que se reun√≠an con disidentes cubanos o de otra forma irritaban al gobierno, ocasionalmente al regresar de reuniones se encontraban los neum√°ticos de sus autos pinchados. A mediados de los 2000, mientras la administraci√≥n Bush abiertamente implementaba programas para socavar el r√©gimen de Castro, el hostigamiento cubano a los 51 diplom√°ticos americanos basados en la isla entonces oscilaba entre demoras en la entrega de env√≠os de comida hasta ‚Äúel envenenamiento de animales dom√©sticos‚ÄĚ, seg√ļn un informe del inspector general del Departamento de Estado escrito en 2007.

Jeffrey DeLaurentis, el diplom√°tico estadounidense de m√°s alto rango en Cuba, da un discurso durante la ceremonia de reapertura del edificio de la embajada de Estados Unidos en La Habana el 14 de abril, 2015.
(Adalberto Roque/AFP Photo)

El hombre que lideraba la misi√≥n diplom√°tica americana en los √ļltimos meses de 2016, Jeffrey DeLaurentis, conoc√≠a bien aquella historia de hostigamiento, seg√ļn oficiales. Un diplom√°tico de carrera medido y lac√≥nico con un aire de curtida paciencia, DeLaurentis hab√≠a tomado el mando como charg√© d‚Äôaffaires en el verano de 2014, llevando consigo m√°s experiencia en Cuba que quiz√°s cualquier oficial de alto rango del gobierno de Estados Unidos. Hab√≠a tenido puestos anteriores en La Habana tanto como oficial consular como oficial pol√≠tico, con una temporada en medio gestionando asuntos cubanos en el estado mayor del Consejo de Seguridad Nacional. Despu√©s de anunciar un plan para normalizar relaciones con Cuba en diciembre de 2014, Obama nomin√≥ a DeLaurentis para ser el primer embajador de Washington en La Habana desde 1961, cuando el Presidente Eisenhower cort√≥ relaciones diplom√°ticas. (Aunque su confirmaci√≥n fue bloqueada por el senador Marco Rubio de Florida, quien argument√≥ que Cuba deber√≠a demostrar m√°s respeto por los derechos humanos antes de que el puesto fuera cubierto, DeLaurentis se qued√≥ como charg√© d‚Äôaffaires.)

La visita de Obama en marzo 2016 hab√≠a dejado ambivalentes a los l√≠deres cubanos sobre la mano de amistad que hab√≠a tendido: Fidel Castro, enfermo y casi con 90 a√Īos, se soliviant√≥ en su jubilaci√≥n para atacar a ‚Äúlas palabras almibaradas‚ÄĚ del presidente de Estados Unidos, y a lo que pint√≥ como una petici√≥n insidiosa para que los cubanos se olvidaran de la historia oscura de los estadounidenses con la isla. En un congreso del Partido Comunista en aquel abril, Ra√ļl Castro y otros salpicaron su ret√≥rica con referencias al ‚Äúenemigo‚ÄĚ del norte. Los diplom√°ticos tambi√©n notaron cierta incomodidad palpable entre altos mandos cubanos con la erupci√≥n de ostentaci√≥n capitalista que marc√≥ el aflojamiento de las restricciones comerciales por Estados Unidos ‚ÄĒ un desfile de moda de Chanel, un concierto gratis de los Rolling Stones, la toma ef√≠mera de las calles de La Habana para rodar escenas de una nueva pel√≠cula de ‚ÄúFast and Furious‚ÄĚ.

Pero en los √ļltimos meses de 2016, la hostilidad oficial cubana hacia los diplom√°ticos americanos en La Habana hab√≠a descendido al nivel m√°s bajo en 50 a√Īos. No se hab√≠a reportado ning√ļn hostigamiento serio en al menos unos pocos a√Īos, oficiales dijeron. La mayor√≠a de los analistas bien informados de Cuba cre√≠an que el partido gobernante hab√≠a forjado un consenso s√≥lido para terminar las hostilidades con Estados Unidos. A pesar de la √ļltima y airada diatriba de Fidel Castro, oficiales estadounidenses dijeron a ProPublica que √©l hab√≠a sido consultado sobre el acercamiento y hab√≠a dado su aprobaci√≥n.

Aunque los funcionarios cubanos fueron notablemente lentos para hacer avanzar muchas de las propuestas americanas para tratos comerciales que llegaron a raudales, s√≠ progresaron laboriosamente sobre acuerdos bilaterales de cooperaci√≥n en seguridad, protecci√≥n del medio ambiente, servicio de correo directo, y otros temas. ‚ÄúPor supuesto, hay un espectro de preferencias dentro del r√©gimen acerca de la velocidad y profundidad de las reformas‚ÄĚ, dijo Fulton Armstrong, un ex analista de alto nivel de la CIA que manej√≥ asuntos cubanos tanto en el estado mayor del Consejo de Seguridad Nacional como en el Consejo de Inteligencia Nacional. ‚ÄúPero el debate es sobre los ritmos de paso; no hay alternativa a la estrategia de Ra√ļl‚ÄĚ.

Barack Obama y Raul Castro asisten a un partido amistoso entre el equipo nacional cubano y el equipo de las ligas mayores americanas los Tampa Bay Devil Rays en el Estadio Latinoamericano el 22 de marzo, 2016 en La Habana, Cuba.
(Chip Somodevilla/Getty Images)

La atenci√≥n de los cubanos se agudiz√≥ despu√©s del voto presidencial del 8 de noviembre, dijeron oficiales americanos. Aunque Trump hab√≠a prometido durante su campa√Īa que iba a renegociar el ‚Äúmuy d√©bil acuerdo‚ÄĚ de Obama con La Habana, el gobierno de Castro parec√≠a haber descartado la posibilidad de que pod√≠a ser elegido. Una vez que Trump fue elegido ‚ÄĒ y con funcionarios de la administraci√≥n Obama instando a los cubanos a consolidar las mejoras en la relaci√≥n ‚ÄĒ el gobierno cubano se apresur√≥ para concluir trabajos sobre acuerdos pendientes antes de la inauguraci√≥n del 20 de enero.

Fue durante ese mismo periodo entre la elección y la inauguración que los primeros oficiales de inteligencia estadounidenses fueron golpeados por lo que describieron como ruidos raros. Los hombres vivían en las zonas lujosas de las afueras occidentales de La Habana. Fidel Castro mantenía una casa en uno de esos barrios, Cubanacán, como también lo hacen el vicepresidente Díaz-Canel y otros miembros de la élite más privilegiada de la isla. Las viejas y elegantes mansiones y casas tropicales-suburbanas del enclave también son populares con altos mandos de la diplomacia extranjera y ejecutivos de negocios. Hay relativamente poco tráfico peatonal o automovilístico, y hay una presencia considerable de guardias de seguridad privados además de la policía cubana.

Aunque los dos primeros oficiales dir√≠an despu√©s que empezaron a escuchar ruidos extra√Īos en sus casas ya a finales de noviembre, no fue hasta finales de diciembre que el primer oficial solicit√≥ ayuda en la peque√Īa cl√≠nica m√©dica dentro de la embajada. Aquel oficial ‚ÄĒ el hombre atl√©tico y treinta√Īero ‚ÄĒ vino con una queja m√°s seria: hab√≠a desarrollado dolores de cabeza, problemas de audici√≥n y sobre todo un dolor agudo en un o√≠do, despu√©s de una experiencia extra√Īa durante la cual algo semejante a un foco de sonido parec√≠a haber sido dirigido contra su casa.

El trauma del hombre joven fue reportado a DeLaurentis y al jefe de seguridad diplom√°tica de la embajada, Anthony Spotti, el 30 de diciembre, seg√ļn funcionarios del Departamento de Estado, y fue seguido por la noticia de que los otros dos oficiales de la CIA hab√≠an experimentado algo similar aproximadamente un mes antes. Pero dentro del edificio modernista hecho de cristal y hormig√≥n que es la sede de la canciller√≠a que se levanta sobre el ic√≥nico rompeolas de La Habana, el Malec√≥n, tanto los oficiales de inteligencia como los jefes diplom√°ticos cre√≠an que los ruidos eran ‚Äúsolo otra forma de hostigamiento‚ÄĚ por parte del gobierno cubano, dijo un oficial. Tambi√©n parec√≠an cuidadosamente dirigidos hacia oficiales de la CIA trabajando bajo cobertura diplom√°tica. Si los agentes del aparato de seguridad del estado cubano no sab√≠an que los hombres eran oficiales de inteligencia, lo habr√≠an sospechado de todas maneras, cre√≠an los americanos.

La procesión del funeral de Fidel Castro en Santa Clara, el 1 de diciembre de 2016. Castro murió durante el periodo en que los incidentes misteriosos que afectaron a los diplomáticos de Estados Unidos empezaron.
(Tom√°s Munita, especial para ProPublica)

Se habl√≥ de los incidentes discretamente entre los miembros de lo que es conocido como el ‚Äúequipo de pa√≠s‚ÄĚ de la embajada, un grupo de aproximadamente 15 diplom√°ticos de rango superior que frecuentemente se reun√≠an a diario para tratar asuntos significativos. Pero, por razones de contrainteligencia, los incidentes permanecieron en secreto para la mayor√≠a del otro personal americano ‚ÄĒ aproximadamente 32 diplom√°ticos m√°s y ocho guardias de los Marines ‚ÄĒ una decisi√≥n que fue criticada m√°s tarde por algunos de los que se enfermaron. ‚ÄúTenemos oficiales de seguridad en cada embajada y nos ponen al d√≠a de forma constante‚ÄĚ, dijo un diplom√°tico. ‚ÄúA alguien le robaron la cartera, a alguien le entraron en el auto‚Ķ ¬ŅY entonces a alguien le atacan con esta arma misteriosa y no nos dicen?‚ÄĚ

Hacia mitades de enero, después de que los otros dos oficiales de inteligencia también solicitaran atención médica en la embajada, el asunto empezó a tomar un cariz más ominoso, dijeron varios oficiales. Durante el periodo que los primeros oficiales de inteligencia fueron enviados a Estados Unidos para recibir tratamiento el 6 de febrero, la mujer de otro funcionario de la embajada, que vivían cerca de la costa de La Habana en el barrio de Flores, informó que había escuchado sonidos inquietantes del mismo tipo, dijeron dos oficiales que conocen su versión. La mujer miró afuera y vio una camioneta alejándose rápidamente. El vehículo aparentemente había venido del mismo extremo de la calle en donde estaba una casa que oficiales estadounidenses creían que era usada por el ministerio del interior cubano. Los oficiales reconocieron que el informe era vago e incierto. Aun así, dijeron que también representaba uno de los datos de información circunstancial más importantes que tenían sobre los incidentes.

En La Habana, seg√ļn dijeron oficiales, altos mandos de la embajada argumentaron a sus contrapartes en Washington que deber√≠an hacer una protesta formal sobre los incidentes al gobierno cubano. Dadas las incertidumbres, otros pensaban que deber√≠an intentar recabar m√°s informaci√≥n antes de asentar semejante queja. Aunque fue un tema de preocupaci√≥n tanto en el Departamento de Estado como en la CIA, no queda claro si fue planteado al estado mayor del Consejo de Seguridad Nacional antes de que la decisi√≥n de protestar fuera tomada (un exfuncionario de la Casa Blanca dijo que no fue planteado.) Oficiales dijeron que el Secretario de Estado Tillerson tampoco fue informado de la situaci√≥n hasta d√≠as despu√©s de que el secretario adjunto en funciones para asuntos del Hemisferio Occidental, Francisco Palmieri, finalmente llam√≥ al embajador cubano en Washington, Jos√© Ram√≥n Caba√Īas, para entregarle una nota diplom√°tica de protesta el 17 de febrero.

El gobierno cubano respondió puntualmente. Unos días después, dijeron oficiales, DeLaurentis fue citado a una reunión con Josefina Vidal, la diplomática de alto rango quien había dirigido el equipo cubano que negoció la normalización de relaciones con los Estados Unidos. (DeLaurentis declinó hacer comentarios, refiriendo preguntas sobre los incidentes de La Habana al Departamento de Estado.) Con Vidal estuvieron presentes otros funcionarios del ministerio del interior, que controla el aparato de inteligencia extranjera y seguridad interna. Los funcionarios de seguridad cubanos preguntaron a DeLaurentis acerca de los incidentes, qué habían experimentado los diplomáticos, qué síntomas habían sufrido y qué otras circunstancias podrían esclarecer el episodio, dijeron oficiales.

El 23 de febrero, menos de una semana despu√©s de la nota diplom√°tica estadounidense al gobierno cubano, DeLaurentis acompa√Ī√≥ a dos senadores americanos que estaban de visita, Richard Shelby de Alabama y Patrick Leahy de Vermont, a ver al Presidente Ra√ļl Castro en el Palacio de la Revoluci√≥n. Durante la conversaci√≥n, dijeron oficiales, Castro mencion√≥ que ten√≠a algo para hablar con el charg√©, y cuando la reuni√≥n hab√≠a terminado, pidi√≥ a DeLaurentis que se quedara. Durante lo que fue descrita por oficiales como una conversaci√≥n breve pero sustantiva, Castro dej√≥ claro que estaba bien al tanto de los incidentes y comprend√≠a que los americanos los ve√≠an como un problema serio. Su respuesta, dijo un oficial del Departamento de Estado, fue ‚ÄúTendr√≠amos que trabajar juntos para intentar solucionarlo‚ÄĚ.

Las reuniones de los americanos con funcionarios diplomáticos y de seguridad cubanos continuaron. Los cubanos dijeron que iban a aumentar la seguridad alrededor de las casas y apartamentos de los diplomáticos americanos, incrementando las patrullas policiales e instalando cámaras de televisión de circuito cerrado en algunas áreas. En una medida más inusual, los cubanos también acordaron permitir a un equipo de investigadores del FBI venir a La Habana a investigar ellos mismos lo que había pasado, basándose en mejoras en la relación entre cuerpos de seguridad que se habían formalizado en un acuerdo bilateral a finales de 2016. (Una portavoz del FBI declinó hacer comentarios sobre los detalles de la investigación.)

Desde el comienzo, sin embargo, oficiales de Estados Unidos fueron ellos mismos reacios a compartir informaci√≥n. Los cubanos pidieron interrogar a los americanos que hab√≠an sido identificados como v√≠ctimas; el Departamento de Estado se neg√≥. Los cubanos pidieron informaci√≥n m√©dica detallada sobre sus lesiones; el Departamento de Estado objet√≥, alegando razones de privacidad. ‚ÄúNo pod√≠as descartar‚ÄĚ el posible involucramiento del gobierno cubano en los incidentes, dijo un oficial del departamento. ‚ÄúCuando est√°s tratando con un posible culpable, uno tiene cuidado‚ÄĚ.

Mientras los primeros tres miembros del personal de la embajada fueron enviados a ser evaluados por especialistas en la Escuela de Medicina Miller de la Universidad de Miami, oficiales en Washington tambi√©n empezaron a mirar m√°s ampliamente a lo que pod√≠a ser la causa de sus s√≠ntomas. Inicialmente, oficiales estadounidenses ten√≠an la hip√≥tesis de que el gobierno cubano u otro r√©gimen extranjero ‚Äď posiblemente con participaci√≥n cubana ‚Äďhab√≠a creado un nuevo tipo de aparato ac√ļstico de largo alcance, conocido por las siglas en ingl√©s L-Rad, permiti√©ndoles de alguna manera enfocar y dirigir poderosas ondas s√≥nicas del tipo que utilizan las agencias policiales para dispersar muchedumbres o los buques de carga para repeler piratas.

Pero la física era misteriosa para expertos dentro y fuera del gobierno. Los incidentes en su mayoría habían ocurrido durante la noche, dentro de los hogares de los diplomáticos. Cualquier arma de sonido o energía dirigida que hubiese sido usada parecía haber penetrado paredes y ventanas. Pero otra gente viviendo en los alrededores inmediatos no parecían haber escuchado nada fuera de lo normal. En la tecnología L-Rad conocida, las ondas de sonido generalmente radian del aparato hacia afuera. Nadie parecía entender cómo se podría enfocar el sonido casi de una forma laser y todavía penetrar superficies duras.

Despu√©s de un intervalo de varias semanas, los incidentes empezaron de nuevo ‚ÄĒ y hubo m√°s de ellos. Una mujer fue agredida en su apartamento. Otros diplom√°ticos fueron golpeados en sus casas en las afueras occidentales. Las diferentes circunstancias solo complicaban el cuadro, pero los efectos del fen√≥meno quedaron m√°s claros: a los primeros tres pacientes examinados en los Estados Unidos se les encontr√≥ s√≠ntomas m√©dicos concretos, y en el caso del hombre m√°s joven, eran bastante serios.


El edificio de la embajada de Estados Unidos sobre el rompeolas de La Habana, el Malecón.
(Joe Raedle/Getty Images)

El viernes 24 de marzo, el diplom√°tico quien hab√≠a empezado a escuchar los ruidos en su jard√≠n alrededor del D√≠a de Acci√≥n de Gracias se top√≥ con el hombre m√°s joven en el trabajo y escuch√≥ el diagn√≥stico aterrador que acababa de recibir en Miami. Los m√©dicos dec√≠an que el hombre ten√≠a da√Īos serios en los huesos peque√Īos dentro de uno de sus o√≠dos, entre otros problemas, y le har√≠a falta usar un aud√≠fono. El lunes siguiente, hizo escuchar al diplom√°tico una grabaci√≥n del ruido con el cual hab√≠a sido agredido. El diplom√°tico se qued√≥ estupefacto: sonaba muy parecido a los ruidos que √©l y su familia hab√≠an escuchado en su jard√≠n durante varios meses.

Un d√≠a despu√©s, el diplom√°tico fue a ver DeLaurentis en la espaciosa suite del embajador en el quinto piso con vista del Malec√≥n, dijeron oficiales que est√°n familiarizados con el episodio. El diplom√°tico explic√≥ que √©l tambi√©n hab√≠a sido expuesto a ruidos extra√Īos que eran aparentemente semejantes a los que hab√≠a experimentado el hombre joven. DeLaurentis dijo que √©l y los otros que estaban al tanto de los incidentes cre√≠an que estos estaban confinados a un ‚Äúpeque√Īo universo de gente‚ÄĚ quienes los cubanos probablemente sospechaban de hacer trabajo de inteligencia, fueran oficiales de la CIA o no. Al diplom√°tico la respuesta no le tranquiliz√≥, y sugiri√≥ que a otros tampoco les iba a tranquilizar. ‚ÄúTienes que organizar una reuni√≥n‚ÄĚ, el diplom√°tico dijo a DeLaurentis. ‚ÄúLa f√°brica de rumores se est√° volviendo loca‚ÄĚ.

Al d√≠a siguiente, 29 de marzo, DeLaurentis junt√≥ a aproximadamente cuatro docenas de miembros del personal de la embajada ‚Äď todos los que ten√≠an una autorizaci√≥n de seguridad para acceso a informaci√≥n clasificada en el edificio. Esta vez, despu√©s de entregar sus tel√©fonos celulares, se amontonaron en una sala de conferencias sin ventanas que hab√≠a sido equipada como Lugar de Informaci√≥n Sensible y Compartimentada (SCIF por sus siglas en ingl√©s.) Ya hab√≠a pasado m√°s de un mes desde que DeLaurentis hab√≠a entregado su queja formal al gobierno cubano, pero la mayor√≠a de la gente en la sala estaban escuchando de los incidentes por primera vez.

Seg√ļn tres funcionarios que estuvieron en la reuni√≥n, DeLaurentis expuso tranquilamente los detalles de lo que hab√≠an experimentado algunos de los diplom√°ticos. Todav√≠a hab√≠a mucho que no entend√≠an de lo que hab√≠a pasado y quien podr√≠a estar detr√°s, dijo, pero las investigaciones estaban en curso, y las autoridades cubanas estaban tomando medidas que hab√≠an prometido para aumentar la seguridad de los diplom√°ticos. Alent√≥ a cualquiera que pensara que pod√≠a haber sido expuesto, o que ten√≠a alguna informaci√≥n potencialmente relevante a contactarle o hablar con el oficial de seguridad de la embajada. Especialistas m√©dicos estaban disponibles para examinar a cualquier persona que tuviera indicios de un problema.

Si DeLaurentis esperaba calmar a sus tropas, parece haber sido solo modestamente exitoso. Parte del problema, dijeron diplom√°ticos, fue que concluy√≥ la reuni√≥n pidiendo al personal reunido que evitaran hablar de la situaci√≥n fuera del recinto seguro de la embajada, inclusive con sus familias. Aunque el asunto todav√≠a era clasificado, el pedido les pareci√≥ irrazonable, hasta indignante, al menos a algunos de ellos. ‚ÄúPens√°bamos que era una locura‚ÄĚ, dijo un funcionario que estuvo en la reuni√≥n. ‚ÄúHab√≠a parientes que hab√≠an sido atacados en sus casas. ¬ŅC√≥mo no √≠bamos a poder advertirles para que estuvieran en guardia?‚ÄĚ

Las preocupaciones entre el personal y sus familiares por su salud explotaron. En apenas un mes, los diplom√°ticos reportaron un aluvi√≥n de nuevos incidentes. Para fines de abril, m√°s de 80 diplom√°ticos, parientes y otro personal ‚ÄĒ una proporci√≥n muy alta para una misi√≥n que inclu√≠a aproximadamente 55 empleados americanos y sus familias ‚ÄĒ pidieron ser evaluados por el equipo m√©dico de Miami. El equipo era liderado por un especialista en o√≠dos, nariz y garganta, Dr. Michael E. Hoffer, quien ha trabajado extensivamente con veteranos militares que han sufrido trauma vestibular como resultado de explosiones y combates en Afganist√°n e Iraq. Se llevaron a cabo ex√°menes en Miami y La Habana, y el equipo detect√≥ bastante r√°pidamente alrededor de una docena de casos nuevos ‚ÄĒ la mitad del n√ļmero que ser√≠a eventualmente confirmado.

Los diplom√°ticos afectados experimentaron una variedad amplia de sensaciones: algunos escucharon ruidos agudos y penetrantes o un zumbido como de cigarra. Otros sintieron ‚Äúrayos‚ÄĚ concentrados de sonido o vibraciones auditivas como las que produce la ventana medio abierta de un auto yendo a gran velocidad. Otros m√°s no escucharon ning√ļn sonido en absoluto. Seg√ļn un resumen de una p√°gina de los casos que fue preparado conjuntamente por las oficinas de Servicios M√©dicos y Asuntos del Hemisferio Occidental del Departamento de Estado para el gobierno cubano, ‚ÄúAlgunos expresaron que se sintieron choqueados o sacudidos por la exposici√≥n, o despertados del sue√Īo, y otros describieron un desarrollo m√°s gradual de s√≠ntomas que continuaron durante d√≠as o semanas despu√©s‚ÄĚ.

Entre el miedo que se apoder√≥ de muchos, algunos empleados de la embajada se presentaron para decir que pod√≠an haber escuchado o sentido fen√≥menos similares, pero despu√©s de ser entrevistados se dictamin√≥ que no necesitaban atenci√≥n m√©dica. Entre las primeras 20 personas examinadas por especialistas en La Habana y Miami, se determin√≥ que nueve no ten√≠an s√≠ntomas detectables, mientras otros nueve ten√≠an efectos ‚Äúmoderados‚ÄĚ como dolores de cabeza, nausea, tinnitus y mareos. Solo dos ten√≠an lo que se describieron como ‚Äúlos m√°s severos‚ÄĚ efectos, incluido el hombre joven que hab√≠a reportado los primeros s√≠ntomas a finales de diciembre.

El emblem√°tico Hotel Capri en La Habana, donde dos oficiales americanos que estaban de visita reportaron que ruidos fuertes y agudos los sacudieron en sus cuartos en abril de 2017.
(Desmond Boylan/AP Photo)

Despu√©s de otro intervalo de algunas semanas, un incidente nuevo y preocupante ocurri√≥ alrededor a finales de abril en el Hotel Capri, una torre emblem√°tica de 19 pisos con una piscina en la azotea que una vez fue un lugar preferido de varios capos de la Mafia y del actor Errol Flynn. Administrado ahora por una empresa espa√Īola, el hotel estaba entre varios de los que usaba la embajada de Estados Unidos para alojar a diplom√°ticos y visitantes oficiales. Alrededor del 21 de abril, un funcionario de la embajada que se estaba hospedando all√≠ mientras se renovaba su apartamento fue sacudido durante la noche por un ruido agudo y penetrante en su cuarto. Uno o dos d√≠as m√°s tarde, un m√©dico americano quien acababa de llegar con el equipo de la Universidad de Miami experiment√≥ un fen√≥meno parecido. Los dos hombres ten√≠an cuartos con ventanas relativamente grandes, dijo un oficial, sin embargo parec√≠a que otros hu√©spedes no escucharon nada.

Esta vez, el reclamo de la embajada a los cubanos fue m√°s vehemente. Los diplom√°ticos que hab√≠an sido afectados antes hab√≠an vivido en sus casas durante alg√ļn tiempo. Pero los dos nuevos americanos que dec√≠an haber sido golpeados estaban en cuartos de hotel que presumiblemente eran conocidos solo por un n√ļmero peque√Īo de oficiales americanos y cubanos, y el personal del hotel. El medico acababa de llegar a la isla uno o dos d√≠as antes. ‚Äú¬ŅQui√©n sab√≠a que estaba all√≠?‚ÄĚ DeLaurentis reclam√≥ al ministerio de relaciones exteriores cubano, seg√ļn un funcionario del Departamento de Estado conocedor de la conversaci√≥n. ‚ÄúEl gobierno de Estados Unidos. Y el gobierno cubano‚ÄĚ.

Dentro de la administraci√≥n Trump, el enfado por los incidentes crec√≠a. El 20 de mayo, el d√≠a de la independencia cubana, el Presidente emiti√≥ una declaraci√≥n advirtiendo que ‚Äúel despotismo cruel no puede apagar la llama de la libertad en los corazones de los cubanos‚ÄĚ. Tres d√≠as despu√©s, el Departamento de Estado expuls√≥ de Washington a dos diplom√°ticos cubanos que hab√≠an sido identificados por los Estados Unidos como esp√≠as. Las expulsiones no fueron hechas p√ļblicas, y ninguna noticia del misterio ac√ļstico en La Habana fue filtrada a los medios informativos. Sin embargo, aunque diplom√°ticos y oficiales de seguridad de los dos pa√≠ses continuaban colaborando en la investigaci√≥n de una forma limitada y de bajo perfil, la relaci√≥n dio un giro hacia la confrontaci√≥n.

La administración Trump en este punto ya estaba finalizando sus planes para desmantelar el acercamiento de Obama. Exactamente en que se iba a retroceder no quedaba claro; Trump sugirió que a los cubanos se les había exigido poco en materia de derechos humanos, pero no ofreció ninguna refutación en particular al argumento hecho por oficiales del Departamento del Estado y otros en el gobierno de que tener tratos más intensos con Cuba era la manera más eficaz de promocionar la liberalización económica y política allí. Algunos grupos comerciales americanos y grupos políticos cubanoamericanos más moderados también presionaron para mantener los contactos establecidos. Pero en una nueva administración que había dejado vacíos puestos de alto nivel relacionados con Latinoamérica en el Departamento de Estado y el Consejo de Seguridad Nacional, muchos oficiales dijeron que había un vacío de liderazgo político sobre el asunto.

El Senador Marco Rubio habla del tratamiento que el Departamento de Estado ha dado a los problemas de salud sufridos por oficiales de la embajada americana en La Habana durante la audiencia de un subcomité de Relaciones Exteriores del Senado en Washington, D.C. el 9 de enero, 2018.
(Kevin Lamarque/Reuters)

Aquel vac√≠o fue llenado sobre todo por el ex rival de campa√Īa a quien Trump hab√≠a denigrado con el apodo de ‚Äúpeque√Īo Marco‚ÄĚ. Empezando poco tiempo despu√©s del primer informe de inteligencia para congresistas sobre los incidentes de La Habana realizado por la administraci√≥n a puerta cerrada, Rubio presion√≥ para una respuesta m√°s dura, oficiales dijeron, y tambi√©n abog√≥ por una serie de propuestas de l√≠nea dura para la pol√≠tica general hacia Cuba. La Casa Blanca ‚Äúpidi√≥ mi aporte b√°sicamente en cada asunto en Latinoam√©rica y el Hemisferio Occidental y ‚Ķ hemos estado trabajando con ellos y han estado muy abiertos‚ÄĚ, dijo el senador Rubio a los peri√≥dicos McClatchy. ‚ÄúDe alguna manera, el hecho de que no vinieron con ideas preconcebidas de qu√© hacer ha creado el espacio para que ocurra este debate‚ÄĚ.

El 16 de junio, el presidente Trump viaj√≥ a Miami para anunciar que iba a ‚Äúcancelar el acuerdo absolutamente sesgado con Cuba hecho por la anterior administraci√≥n‚ÄĚ. Aunque los cambios no llegaron tan lejos, Trump orden√≥ a las agencias del gobierno que revisaran las regulaciones sobre viajes y negocios para prohibir cualquier transacci√≥n con hoteles, restaurantes, tiendas y otras empresas vinculadas a las grandes operaciones en turismo y comercio de las fuerzas armadas cubanas. Los estadounidenses a excepci√≥n de los cubanoamericanos no ser√≠an permitidos viajar por su cuenta para turismo general, si no solo con grupos educativos organizados o con otros grupos con itinerarios preestablecidos. Cualquier mejora adicional en la relaci√≥n bilateral, dijo Trump, estar√≠a sujeta a mejoras en los derechos humanos en Cuba. ‚Äú¬°Ahora que soy Presidente‚ÄĚ, prometi√≥ Trump, ‚Äúvamos a exponer los cr√≠menes del r√©gimen de Castro!‚ÄĚ


En La Habana, el diplom√°tico que primero hab√≠a escuchado los ruidos en su jard√≠n fue enviado a Miami a principios de abril para pruebas m√©dicas con un contingente de personal de la embajada. √Čl y su mujer solo volver√≠an para empacar sus cosas. Antes de marcharse de Cuba, sin embargo, par√≥ en la casa de uno de sus vecinos canadienses para despedirse y explicarle un poco porque ten√≠an que irse. El diplom√°tico canadiense se preocup√≥: Su familia hab√≠a estado escuchando los sonidos, dijo. ¬ŅPodr√≠an haber causado un misterioso sangrado de nariz que su hijo hab√≠a sufrido? ¬ŅO los males de cabeza de su mujer?

A finales de abril, DeLaurentis invit√≥ a un peque√Īo grupo de embajadores de pa√≠ses estrechamente aliados con Estados Unidos ‚ÄĒ Canad√°, Gran Breta√Īa, Francia y otros ‚ÄĒ para dejarles saber lo que le hab√≠a estado pasando a su personal y preguntar si alguien m√°s hab√≠a experimentado algo similar. Aparte de un informe de un diplom√°tico franc√©s que fue r√°pidamente descartado, la √ļnica respuesta significativa vino de la embajada de Canad√°. A principios de mayo, el embajador canadiense, Patrick Parisot, junt√≥ a los 18 diplom√°ticos de su plantilla para pasarles la advertencia de los americanos y preguntar si alguien hab√≠a escuchado ruidos raros o sufrido alguna enfermedad inusual. Varias personas respondieron, dijo un oficial canadiense, entre ellas un hombre (aparentemente el vecino del diplom√°tico americano) que dijo que hab√≠a escuchado sonidos extra√Īos en su jard√≠n en marzo.

Como en la embajada americana, los miedos acerca de lo que estaba pasando se expandieron r√°pidamente entre el personal canadiense. En total, 27 diplom√°ticos, c√≥nyuges e hijos, representando 10 de las familias de la embajada, solicitaron ayuda m√©dica. De ese grupo, ocho personas de cinco familias ‚ÄĒ incluidos dos ni√Īos ‚ÄĒ recibir√≠an diagn√≥sticos de s√≠ntomas que eran m√°s leves que las de casi todos los pacientes americanos: sangrados de nariz, mareos, dolores de cabeza e insomnio. Todos se recuperar√≠an bastante r√°pidamente.

En general, dijo un oficial canadiense involucrado en el caso, la experiencia que provocó los síntomas de los diplomáticos canadienses era bastante diferente de las que reportaron los americanos. Además del diplomático canadiense que dijo haber escuchado ruidos en su jardín, miembros de otra familia diplomática informaron que un día en junio habían escuchado un sonido repentino y vibrante, como si se estuviera agitando una hoja de chapa; un miembro de la familia se enfermó más tarde. Pero los otros seis canadienses que se enfermaron no habían escuchado ni experimentado nada parecido.

‚ÄúEn la mayor√≠a de los casos, realmente no hab√≠a ataques que pod√≠amos se√Īalar‚ÄĚ, dijo el oficial canadiense. ‚ÄúLa experiencia americana se trataba totalmente de eventos ac√ļsticos y la gente sinti√©ndose enferma, y nosotros ten√≠amos gente que se sent√≠a enferma con v√≠nculos limitados a eventos ac√ļsticos‚ÄĚ.

Tambi√©n, el ministerio de relaciones exteriores canadiense manej√≥ el asunto de una forma muy distinta a los estadounidenses, evitando cualquier cr√≠tica al gobierno cubano. El ministerio dijo que no ten√≠a ning√ļn plan para reducir su personal diplom√°tico en La Habana, y reemplaz√≥ r√°pidamente a las tres familias de la embajada que decidieron volver a casa por causa del problema. El gobierno tambi√©n dijo que la Polic√≠a Real Montada Canadiense hab√≠a recibido toda la asistencia que hab√≠a pedido del gobierno cubano. ‚ÄúLos cubanos est√°n bastante apegados a los 1.2 millones de turistas canadienses que vienen a Cuba cada a√Īo, as√≠ que tienen un incentivo bastante fuerte para cortar esto de ra√≠z‚ÄĚ, dijo el oficial. ‚ÄúHan sido muy proactivos en intentar ayudarnos‚ÄĚ.

Sin embargo, la policía canadiense no ha hecho virtualmente progreso alguno en su investigación, dijo el oficial, a pesar de haber recibido ayuda de las fuerzas de seguridad cubanas y del FBI. Después de consultar con expertos en tecnología e inteligencia, oficiales de seguridad de Estados Unidos y Canadá han recomendado que los diplomáticos y sus familias se alejen lo más rápido posible de cualquier sonido inusual que puedan escuchar. La embajada americana también repartió grabadoras de alta frecuencia para que los diplomáticos pudieran grabar los sonidos. Algunos diplomáticos también fueron reubicados de casas donde los sonidos o vibraciones habían sido experimentados repetidamente.

El equipo de investigaci√≥n del FBI, que ha incluido a agentes de una unidad basada en Miami que investiga cr√≠menes contra ciudadanos estadounidenses en Latinoam√©rica, ha visitado Cuba cuatro veces desde mayo. El grupo ha entrevistado a diplom√°ticos y otros oficiales de los dos pa√≠ses, examinado las casas y los hoteles donde los incidentes ocurrieron, y llevado a cabo otras indagaciones. Sus evaluaciones han sido utilizadas en matrices complejas creadas para comparar las circunstancias f√≠sicas de los incidentes reportados con las sensaciones descritas por los americanos y los s√≠ntomas que padecieron luego. Tambi√©n han contribuido al an√°lisis todav√≠a secreto de la Divisi√≥n de Tecnolog√≠a Operacional del FBI con fecha del 4 de enero que concluy√≥ que las enfermedades y lesiones de los americanos no fueron causadas por ning√ļn tipo de aparato s√≥nico. (Un oficial de seguridad diplom√°tica del Departamento de Estado, Todd Brown, dijo que los investigadores est√°n todav√≠a considerando la posibilidad de que el sonido fuera usado para ocultar otro tipo de agente o tecnolog√≠a da√Īina.)

Un residente mira desde la ventana de su casa en La Habana.
(Eliana Aponte/Bloomberg via Getty Images)

La investigaci√≥n de La Habana tambi√©n ha incorporado una gama amplia de agencias cient√≠ficas y tecnol√≥gicas de Estados Unidos, incluidas el Directorado de Ciencia y Tecnolog√≠a de la CIA, la Agencia de Proyectos de Investigaci√≥n Avanzados de Defensa del Pent√°gono, entre otras, pero oficiales dijeron que no est√° claro si alguna de ellas ha hecho avances significativos. Adem√°s de tecnolog√≠as ultras√≥nicas e infra-s√≥nicas, han examinado otras tecnolog√≠as de energ√≠a dirigida, dijeron los oficiales. Parte del trabajo de investigaci√≥n tambi√©n se ha enfocado en el uso posible de microondas, evocando al episodio conocido como el Se√Īal de Mosc√ļ, un caso de los a√Īos setenta en el cual la inteligencia sovi√©tica emiti√≥ se√Īales de microondas dentro de la embajada de Estados Unidos en Mosc√ļ para activar un receptor pasivo escondido en la oficina del embajador americano. Se report√≥ despu√©s que americanos en la embajada hab√≠an sufrido enfermedades a causa del fen√≥meno, pero sus s√≠ntomas no ten√≠an un parecido cercano a los que padecieron los diplom√°ticos en Cuba.

En entrevistas, ex oficiales de inteligencia americanos dijeron que eran también escépticos ante la idea de que los diplomáticos de Estados Unidos en Cuba podían haber sido sometidos a un intento nuevo y agresivo de vigilancia que tuviera consecuencias inesperadas. Porque los cubanos siempre han mantenido un control cercano sobre los diplomáticos americanos en La Habana, dijeron, las fuerzas de seguridad generalmente saben que tienen poco que temer de los intentos de reclutamiento o recogida de información de los espías americanos basados en la isla. Los expertos en inteligencia notaron también que la vigilancia de diplomáticos en casa es una tarea de trabajo intensivo que probablemente estaría reservada para los objetivos más importantes.

‚ÄúEn mi experiencia, estos operativos en las residencias implican que terminas examinando un mont√≥n de basura‚ÄĚ, dijo Charles S. (Sam) Faddis, un antiguo mando de operaciones de la CIA. ‚ÄúSon un dolor en el trasero. El producto que consigues est√° lleno de ruidos irrelevantes, la vida diaria, cada discusi√≥n matrimonial, los sonidos de la tele, los ni√Īos, el perro. Me parece mucho esfuerzo para ese tipo de objetivo‚ÄĚ.

Entre los cient√≠ficos que el equipo del FBI ha consultado est√° Allen Sanborn, Ph.D., un bi√≥logo en la Universidad Barry en Miami Shores, Florida, quien ha dedicado 30 a√Īos al estudio de las poblaciones de las cigarras en Latinoam√©rica y otras partes del mundo. Dr. Sanborn dijo que, aunque las cigarras hacen ruidos muy fuertes, ‚Äúes dudoso que pod√≠an causar lesiones en Cuba por el tama√Īo y por la especie‚ÄĚ. Estim√≥ que la cigarra cubana puede alcanzar un nivel ensordecedor de 95 decibeles a una distancia de 20 pulgadas aproximadamente, pero enfatiz√≥ que el nivel de presi√≥n de sonido bajar√≠a seis decibeles cada vez que se dobla la distancia. O sea que, a una distancia de 40 pulgadas, la intensidad de sonido bajar√≠a a 89 decibeles, y a 80 pulgadas bajar√≠a a 83 decibeles, y as√≠ en adelante. ‚ÄúNo te har√≠a realmente da√Īo al menos que fuera insertado en el canal de tu o√≠do‚ÄĚ, dijo durante una entrevista.

Los cuatro agentes del FBI que fueron a la casa de Dr. Sanborn para la entrevista le hicieron una serie de preguntas sobre las llamadas de los insectos en general y las cigarras en particular. Entonces, le pidieron que escuchara cuidadosamente aproximadamente una docena de grabaciones hechas por diplom√°ticos americanos en La Habana que hab√≠an experimentado lo que pensaban en aquel momento era alg√ļn tipo de ataque s√≥nico. Algunas grabaciones eran m√°s cortas, otras m√°s largas, dijo el Dr. Sanborn, pero todas eran de m√°s o menos la misma frecuencia y parec√≠an ser el mismo tipo de sonido. Les advirti√≥ que las grabaciones no eran de una calidad extremadamente alta, pero ofreci√≥ a los agentes su mejor conclusi√≥n.

‚ÄúLas tres posibilidades son los grillos, las cigarras y los saltamontes tropicales‚ÄĚ, dijo. ‚ÄúA m√≠ me sonaban como cigarras‚ÄĚ.

El Dr. Sanborn dijo que les dio a los agentes un par de informes académicos que ha escrito que incluyen análisis de los patrones temporales y la frecuencia espectral de varios cantos de cigarras, pero no ha vuelto a tener noticias de ellos.

Solo el lado m√©dico de la investigaci√≥n ha producido resultados algo m√°s concluyentes. A principios de julio, la oficina de servicios m√©dicos del Departamento de Estado organiz√≥ un grupo de expertos en neurolog√≠a, otorrinolaringolog√≠a y otras especialidades para examinar los expedientes m√©dicos de los pacientes de La Habana. Los m√©dicos reconocieron que al menos parte de lo que experimentaron los diplom√°ticos podr√≠a haber venido de otras fuentes, incluyendo ‚Äúenfermedades virales, previos traumas de cabeza, el envejecimiento, y hasta el estr√©s‚ÄĚ, dijo el Dr. Rosenfarb. Pero, a√Īadi√≥, el consenso de los expertos fue que ‚Äúlos patrones de las lesiones que hab√≠an sido notados hasta ahora eran probablemente relacionados a trauma de una fuente no-natural‚ÄĚ.

No hab√≠a habido nuevos ataques desde abril, aunque algunos de los afectados solo reportaron sus s√≠ntomas semanas o meses despu√©s. Pero entonces, alrededor del 21 de agosto, dos incidentes m√°s fueron reportados por diplom√°ticos, al menos uno de ellos en el elegante Hotel Nacional, una fortaleza de lujo al estilo a√Īos treinta no lejos del Capri. Poco despu√©s de que los m√©dicos confirmaran el 1 de septiembre que los dos diplom√°ticos mostraban s√≠ntomas asociados con los incidentes, el Departamento de Estado puso la misi√≥n de La Habana en estatus de ‚Äúpartida voluntaria‚ÄĚ, permitiendo a cualquiera que serv√≠a all√≠ irse con sus familias. La raz√≥n que el departamento dio por la orden fue el inminente Hurac√°n Irma, que sacudi√≥ la costa norte de la isla unos d√≠as despu√©s.

Pero muchos de los que se marcharon no volverían, o volverían solo para empacar sus pertenencias. En una acción dramática y punitiva el 30 de septiembre, el Departamento de Estado ordenó que se fueran a casa 24 de los 47 diplomáticos asignados a La Habana, incluidos todos los que tenían familias. Cerró a efectos prácticos la sección consular de la embajada exceptuando los servicios de emergencia. Entonces el departamento ordenó a 15 diplomáticos cubanos más marcharse de Washington, incluidos algunos involucrados en el procesamiento de visados y asuntos comerciales.

El departamento no acus√≥ al gobierno cubano de estar directamente involucrado en lo que llamaba los ‚Äúataques‚ÄĚ de La Habana. Pero advirti√≥ a los ciudadanos estadounidenses que no viajaran a la isla, usando t√©rminos que eran m√°s ominosos que el lenguaje que se usa para pa√≠ses asolados por la violencia y la inestabilidad. Y cualquier matiz que el Departamento de Estado intent√≥ enfatizar (las relaciones diplom√°ticas por lo dem√°s continuar√≠an) se perdieron r√°pidamente en la erupci√≥n ret√≥rica. ‚ÄúNo hay manera de que alguien pudiera ejecutar este n√ļmero de ataques, con ese tipo de tecnolog√≠a, sin que lo supieran los cubanos‚ÄĚ, dijo senador Rubio, quien otra vez hab√≠a estado instando a una respuesta m√°s contundente. ‚ÄúO lo hicieron, o saben qui√©n lo hizo‚ÄĚ.

Los cubanos, asever√≥ el Presidente Trump sin m√°s explicaci√≥n, ‚Äúhicieron algunas cosas muy malas‚ÄĚ.

El Presidente Donald Trump, después de firmar cambios en la política hacia Cuba el 16 de junio, 2017, en Miami, Florida. Trump restringió viajes y negocios americanos en la isla.
(Joe Raedle/Getty Images)

Era un guion que el gobierno cubano parec√≠a reconocer. El ministro de relaciones exteriores, Bruno Rodr√≠guez, que antes hab√≠a llamado al discurso de Trump en Miami en junio ‚Äúun espect√°culo grotesco‚ÄĚ, enfatiz√≥ un punto por encima de otros: Los Estados Unidos no hab√≠a presentado absolutamente evidencia alguna de que los cubanos hab√≠an hecho otra cosa m√°s que ayudar a investigar el problema. Aunque Estados Unidos ha sugerido que Cuba no cumpli√≥ con sus responsabilidades de proteger a los diplom√°ticos extranjeros bajo los Convenios de Vienna, oficiales cubanos han subrayado que Washington no ha citado ninguna acci√≥n espec√≠fica que el gobierno cubano no haya tomado en este sentido.

‚ÄúCuba no ha tomado medidas en absoluto contra los Estados Unidos‚ÄĚ, dijo Rodr√≠guez, refiri√©ndose a las sanciones americanas. ‚ÄúNo discrimina contra sus compa√Ī√≠as. Invita a sus ciudadanos a visitarnos, promociona el di√°logo y la cooperaci√≥n bilateral‚ÄĚ. (Refiri√©ndose a la base naval de la Bah√≠a de Guant√°namo, que los Estados Unidos ha ocupado por tratado desde 1903, a√Īadi√≥: ‚ÄúNo ocupa ninguna parte del territorio estadounidense‚ÄĚ.) Las acciones tomadas por los Estados Unidos, a√Īadi√≥, ‚Äúsolo pueden beneficiar los intereses siniestros de un pu√Īado de personas‚ÄĚ.

Expertos en pol√≠tica exterior dentro y fuera del gobierno generalmente coinciden en que los incidentes de La Habana van en contra de los intereses del gobierno de Castro. ‚ÄúAl r√©gimen cubano no le interesaba antagonizar a la administraci√≥n Trump‚ÄĚ, dijo Craig A. Deare, quien fue despedido poco despu√©s de un mes como el especialista de m√°s alto rango sobre Latinoam√©rica del Consejo de Seguridad Nacional cuando critic√≥ la actitud agresiva del Presidente Trump hacia M√©xico. ‚ÄúNo me parec√≠a tener sentido entonces y no me parece tener sentido ahora‚ÄĚ.

La expulsi√≥n de los diplom√°ticos y la advertencia a viajeros, adem√°s del endurecimiento del embargo y el hurac√°n, ya han cortado el flujo de turistas americanos a la isla. La actividad comercial estadounidense ha ca√≠do m√°s, en parte debido a la partida de diplom√°ticos cubanos en Washington que organizaban reuniones y tramitaban los visados. Los disidentes cubanos tambi√©n se han quejado de que el declive en el flujo de turistas ha da√Īado profundamente a comercios peque√Īos e independientes como casas de hu√©spedes, restaurantes familiares y similares.

La propia investigaci√≥n del gobierno cubano de los incidentes ha sido otra pieza central de la contraofensiva de relaciones p√ļblicas. Seg√ļn informes de prensa cubanos, aproximadamente 2,000 personas han estado involucrados en la pesquisa, durante la cual detectives de polic√≠a han interrogado a vecinos de los diplom√°ticos (quienes dijeron que no recordaban haber escuchado nada inusual), m√©dicos cubanos (quienes se preguntaban porque los americanos nunca buscaron atenci√≥n para sus graves problemas) y su proprio elenco de cient√≠ficos y tecn√≥logos.

Ingenieros cubanos tambi√©n analizaron las grabaciones que seg√ļn oficiales fueron hechas por diplom√°ticos de Estados Unidos. Los ingenieros tambi√©n concluyeron que los ruidos eran a niveles de decibeles demasiado bajos para causar p√©rdida auditiva ‚ÄĒ pero que los sonidos primarios en las grabaciones eran hechos por cigarras. Otros cient√≠ficos cubanos han sugerido que las enfermedades de los americanos eran psicosom√°ticas.

A pesar de meses en que el enfoque de activos de inteligencia sobre la situaci√≥n cubana ha sido intensificado, agencias de inteligencia de Estados Unidos no han captado casi ninguna evidencia secundaria de que el gobierno puede haber ayudado a ataques contra los diplom√°ticos o buscado intervenir con alg√ļn gobierno aliado que pudiera estar involucrado en el asunto. Tampoco hay alg√ļn indicio de que el gobierno cubano ha identificado alguna facci√≥n rebelde de las fuerzas de seguridad que pudiera haber querido socavar el acercamiento con Washington, oficiales dijeron.

La idea de tal facci√≥n rebelde intentando subvertir una iniciativa mayor del gobierno ha sido barajada frecuentemente en Washington en meses recientes. Aunque el funcionamiento interno del r√©gimen de Castro ha sido siempre algo opaco para los de fuera, muchos analistas veteranos del r√©gimen cubano les suena como casi inconcebible. ‚ÄúEs enormemente ir√≥nico que la teor√≠a de la facci√≥n rebelde viene exactamente de la misma gente que dice que el gobierno cubano sabe absolutamente todo lo que pasa en el pa√≠s‚ÄĚ, dijo Armstrong, el ex analista de la CIA. ‚ÄúPero nunca ha habido evidencia alguna de facciones rebeldes operando fuera del sistema‚ÄĚ. Record√≥ que en el caso que probablemente m√°s se acerca a esta tesis ‚ÄĒ la condena en una farsa de juicio a varios poderosos oficiales de inteligencia y militares por narcotr√°fico y otros cr√≠menes en 1989 ‚ÄĒ hab√≠a hasta algunas evidencias circunstanciales de que las actividades il√≠citas de los oficiales hab√≠an sido toleradas durante bastante tiempo por sus superiores.

Dejando al lado algunas posibilidades estrafalarias y poco posibles ‚ÄĒ agentes norcoreanos merodeando por La Habana o quiz√°s un equipo secreto de esp√≠as venezolanos subvirtiendo al aliado m√°s cercano de su propio gobierno ‚ÄĒ el an√°lisis parecer√≠a dejar solo Rusia como sospechoso posible. Para Mosc√ļ, ayudar a descarrilar el acuerdo trabajosamente logrado entre Washington y La Habana podr√≠a constituir un golpe maestro de la geopol√≠tica, dijeron algunos oficiales estadounidenses. Se encuadrar√≠a muy bien en la campa√Īa agresiva del Kremlin para minar a sus adversarios occidentales, utilizando todo desde operaciones de espionaje hasta ciberataques contra elecciones. Rusia tambi√©n tiene una larga historia de hostigamiento a diplom√°ticos de Estados Unidos, un patr√≥n que se ha intensificado en Mosc√ļ desde 2014, dijo Andrew Foxall, director del Centro de Estudios Rusos en la Sociedad Henry Jackson, un instituto de estudios en Londres.

La embajada de Estados Unidos en La Habana el 3 de octubre de 2017. Con solo un equipo de personal mínimo, expertos dicen que los diplomáticos tendrán dificultades para monitorear un periodo de transición política crucial.
(Yamil Lage/AFP/Getty Images)

Despu√©s de a√Īos de hostilidad cubana que siguieron la ca√≠da de la Uni√≥n Sovi√©tica y la retirada de los enormes subsidios que suministr√≥ durante d√©cadas, el Kremlin ha hecho una serie de esfuerzos para fortalecer el anteriormente cercano lazo estrat√©gico entre los dos pa√≠ses. Como con Venezuela y Nicaragua, Rusia ha pagado un precio generoso por la amistad renovada con Cuba, ayudando a compensar la p√©rdida de importaciones de petr√≥leo venezolano con 1.9 millones de barriles de combustible, con un valor estimado de $105 millones a precios de descuento. Las exportaciones de Rusia a Cuba casi se doblaron el a√Īo pasado. En diciembre, Ra√ļl Castro recibi√≥ la visita del director del gigante estatal ruso de energ√≠a Rosneft, fomentando especulaciones de que un gran acuerdo de exploraci√≥n o suministro de petr√≥leo podr√≠a estar en ciernes.

La relaci√≥n de seguridad entre los dos pa√≠ses tambi√©n ha crecido. En diciembre de 2016, justo cuando empezaron los incidentes afectando el personal de Estados Unidos, Rusia y Cuba firmaron un nuevo acuerdo de cooperaci√≥n en defensa y tecnolog√≠a. Oficiales rusos tambi√©n han hablado p√ļblicamente de la posibilidad de reabrir una base de espionaje rusa cerrada en el pueblo cubano de Lourdes.

Adem√°s de un m√≥vil posible, los rusos podr√≠an tener los medios tecnol√≥gicos ‚ÄĒ o al menos la capacidad para haber plausiblemente desarrollado un arma de energ√≠a dirigida que los cient√≠ficos estadounidenses no pueden identificar. Pero a estas alturas, oficiales dijeron, los analistas de inteligencia tambi√©n esperar√≠an haber entresacado de interceptaciones electr√≥nicas de conversaciones en el extranjero al menos alguna evidencia secundaria de que los rusos pudieran estar involucrados ‚ÄĒ conversaciones sospechosas de tel√©fono o correos electr√≥nicos, mensajes sugestivos, movimientos de agentes rusos ‚ÄĒ algo. Pero los oficiales dijeron que no han encontrado virtualmente nada que constituir√≠an pruebas reales. Tambi√©n se preguntan si Rusia arriesgar√≠a su creciente relaci√≥n con Cuba con una operaci√≥n que podr√≠a socavar la iniciativa diplom√°tica m√°s importante de la isla en d√©cadas.

Y aun en el caso de que Rusia hubiera desarrollado alg√ļn tipo de arma nueva y compacta de energ√≠a dirigida que se pod√≠a haber usado para atacar a los diplom√°ticos americanos, todav√≠a habr√≠a los desaf√≠os log√≠sticos extremadamente complejos para su despliegue. Agentes rusos presumiblemente tendr√≠an que haber ubicado al menos dos docenas de diplom√°ticos estadounidenses en La Habana, alcanzarlos de forma clandestina y repetida, y en algunas de las zonas m√°s patrulladas de lo que muchos consideran un estado policial. Las agencias de inteligencia tampoco han documentado pruebas de un arma parecida contra alg√ļn otro objetivo, o se√Īales de que Rusia puede haber movido agentes a Cuba para llevar a cabo tal operativo.

En la ausencia persistente de pruebas verdaderas de como los diplomáticos de Estados Unidos fueron afectados, la administración Trump no parece tener un camino fácil hacia adelante. Aproximadamente 10 de los diplomáticos y sus parejas siguen sometiéndose a rehabilitación vestibular y neurológica, tanto en Washington como en la Escuela Perelman de Medicina de la Universidad de Pennsylvania. Algunos se han movido a nuevos trabajos en Washington o en el extranjero, y otros se han mantenido ocupados en la unidad de Asuntos del Hemisferio Occidental con tareas como procesar peticiones bajo la Ley de Libertad de Información o tramitar solicitudes con el personal de recursos humanos, dijeron oficiales.

El 4 de marzo, tendr√° que decidir si convertir la retirada de los diplom√°ticos en una reducci√≥n permanente de personal. Un documento interno del Departamento de Estado obtenido por ProPublica tambi√©n indica que la ralentizaci√≥n de actividad consular puede hacer dif√≠cil que Estados Unidos alcance su compromiso de procesar al menos 20,000 visados de inmigraci√≥n para cubanos este a√Īo, una meta anual que es extremadamente importante para los cubanoamericanos que buscan traer a sus parientes de la isla. Diplom√°ticos americanos ‚ÄĒ incluidos algunos que fueron forzados a irse de La Habana ‚ÄĒ dicen tambi√©n que el departamento ha reducido su capacidad para ver, comprender y tal vez influenciar lo que est√° pasando en Cuba en un punto de transici√≥n potencialmente hist√≥rico.

‚ÄúNuestros diplom√°ticos quieren volver‚ÄĚ, dijo un oficial estadounidense que ha sido informado ampliamente sobre el desarrollo de los hechos en La Habana. ‚Äú¬ŅPero si no puedes llegar al fondo de esta situaci√≥n, c√≥mo sucede eso? Y han sido bastante abiertos al decir que no sabemos mucho m√°s sobre esto de lo que sab√≠amos hace 12 meses‚ÄĚ.

Traducción por Carmen Méndez.

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